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Las sociedades cambian y los Administradores de Fincas deben procurar cambiar e introducir cambios que les permitan evolucionar y seguir siendo competitivos.

El conflicto es la oportunidad que surge en un momento de cambio al que no estamos acostumbrados, y es por eso que en las relaciones sociales deviene tan importante gestionar los conflictos de manera alternativa. Los administradores de fincas son expertos del cambio. Han desarrollado durante muchos años un trabajo que ha ido experimentando cambios a lo largo de los años. Los administrados han pasado de gobernarse ellos mismos las comunidades de propietarios a dejarlo en manos de otros: los administradores de fincas.

Esto ha implicado que los Administradores de Fincas hayan pasado de gestionar bienes inmuebles a gestionar conflictos y comunidades de propietarios.

La gobernabilidad implica:

1) gestionar los conflictos o problemas que se dan en las comunidades de propietarios,

2) que se ha delegado a los administradores de fincas la responsabilidad total sobre el buen funcionamiento de la comunidad de propietarios, no sólo de la gestión, y

3) se pide a los administradores que se ocupen de todo (reparaciones, gestión económica, conflictos con los vecinos/as, morosidad, …).

cambio-administradores-de-fincasHablando con diferentes administradores de fincas de la provincia de Girona se repite una sensación que ejemplifica este cambio de visión de los usuarios en base a la tarea que realizan, y es la siguiente: la falta de reconocimiento a su profesión. La única excepción aparece cuando la tarea que realiza el administrador queda clara desde el principio y no entra en contradicción. Es decir, aunque la mayoría de administradores de fincas exponen de manera clara sus funciones, pocos lo terminan aplicando y transmitiendo los administrados. Pero esto no es negativo, al contrario, sin ser conscientes de ello están adaptando sus funciones a las nuevas circunstancias y esto los hace más competitivos, eficientes y más reconocidos. El problema es que este reconocimiento no se hace visible. Para entenderlo utilizaremos un razonamiento simple: las personas actualmente recurren a un administrador de fincas para ahorrarse problemas y preocuparse sólo de su casa. Delegan su responsabilidad a un tercero lo que implica una gran confianza hacia el administrador de fincas pero también un gran responsabilidad ya que pasa a gestionar algo más importante, la finca y las personas que la componen.

Esta nueva situación no se hace visible ya que las personas delegan la responsabilidad pero no implica una contrapartida económica ya que los administradores siguen teniendo las mismas funciones. En resumen, los propietarios ya no piden solamente que sea gestionada la comunidad sino que piden a los administradores que la gobiernen por ellos, y estos no les piden una contrapartida económica ya que lo ven como un valor añadido a su trabajo. Pero esta situación acabará repercutiendo en malentendidos si no se aclara ya que los propietarios acabarán pidiendo una responsabilidad a los administradores que no les corresponde. En los casos que gestión y gobernabilidad está bien definido no conllevará falta de reconocimiento del administrador, pero si de lo contrario.

Es decir, actualmente la ausencia de reconocimiento del trabajo que hacen los administradores de fincas es resultado de los malentendidos que se generan al no clarificar las funciones y las responsabilidades que corresponde a cada uno.

Las causas que han llevado a este malentendido son las siguientes:

  • El poco intercambio de información. Los administradores de fincas, con excepciones, no estaban por la labor de dar toda la información referente a sus tareas a los propietarios cuando éstos los contratan. Esto puede provocar que no queden claras las funciones y las responsabilidades que corresponde a cada uno. En ello no existe mala fe, sino que se tiene poca consciencia por parte del administrador del gran numero de tareas extra que ofrece de forma desinteresada a sus clientes.
  • Los intereses. A algunos administradores de fincas les interesa crear un valor añadido a su empresa y esto hace que quieran transmitir a sus clientes que estas funciones no les corresponde pero que las realizan ya que en son expertos y los diferencia de otros. Por su parte, los propietarios les interesa tener alguien a quien ceder su responsabilidad y evitar posibles conflictos o problemas.
  • Los roles que acaban adoptando cada una de las partes. Los propietarios terminan adoptando un rol de control a la labor del profesional. Piden al administrador que resuelva la mayoría de problemáticas que se dan en el seno de la comunidad, con la ventaja de que si alguna solución no les satisface o no les gusta tienen alguien a quien culpar. Por su parte, los administradores de fincas terminan adoptando un rol de facilitador. Hacen la vida fácil a los propietarios ya que se ocupan de lo que haga falta, pero a largo plazo puede acabar generando un problema o conflicto.
  • Existe una falta de comunicación entre propietarios y administradores de fincas. Estos acaban teniendo relación con el presidente de la comunidad pero en la mayoría de casos la comunicación que se genera es solo para comentar aquellos problemas o conflictos que se deben solucionar. No se hablan nunca de las ventajas o soluciones que se han dado a lo largo del tiempo. Acaba repercutiendo en que se ve al administrador de fincas como un “soluciona problemas”.
  • La diferencia entre los incentivos de los administradores de fincas y los de los propietarios. Una empresa puede adoptar incentivos similares a los de los clientes a los que da servicio, y en este caso podemos estar de acuerdo ya que los administradores tienen un componente muy importante de vocación. Aman esta profesión y eso hace que sus incentivos se parezcan a los que pueden tener sus clientes. Acaban creando un clima donde propietarios y profesional reman hacia una misma dirección. Pero hay un aspecto que los difiere y que devendrá importantísimo. Este es el hecho de que los administradores de fincas no tienen en cuenta al inquilino, sólo se preocupan del propietario. Esto implica que el buen trabajo hecho por acercarse a los propietarios se escape por el simple hecho de no tener en cuenta el inquilino. Esto provoca una diferencia muy grande entre profesional y propietario, ya que los últimos si les preocupa el inquilino ya que éste también forma parte de la comunidad. Quizás se debe incluir de manera diferente, pero es parte de la comunidad y su integración puede evitar problemas o conflictos. En resumen, se crea una diferencia en un incentivo muy importante como es el de sentimiento de pertenencia en una comunidad. Hay que decir que algunos propietarios se encuentran en la misma sintonía que los administradores, pues no viven en la comunidad y no se hacen cargo de la importancia de tener en cuenta a todos. Y esta situación acaba generando una diferencia de incentivos que repercute en el reconocimiento de la tarea que realiza el administrador.

En definitiva, podemos afirmar que administradores de fincas y propietarios terminan compartiendo un conjunto de valores pero no se acaban haciendo partícipes a los pisos donde residen familias en régimen de alquiler. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que administradores, propietarios e inquilinos tienen diferentes incentivos lo que implica: 1) que no se cree un sentimiento de pertenencia a la comunidad por parte de los inquilinos ya que ven como no se les tiene en cuenta a la vez de construir el concepto de comunidad, y 2) que los conflictos no sólo repercutan en un coste económico sino también emocional.

Es decir, el reconocimiento de la profesión del administrador de fincas va ligado, entre otras cosas, al valor de sentimiento de pertenencia a la comunidad ya la responsabilidad que de este se deriva. Los administradores de fincas deben velar por asegurar que cada uno, en una comunidad de propietarios, asume su responsabilidad y para ello debe ser capaz de animar y motivar a los diferentes agentes que participan de la vida comunitaria. Para ello deberá tener en cuenta las necesidades de los propietarios y vecinos que viven en la comunidad y trabajar para ponerlas en común, velar porque todo el mundo asuma la responsabilidad que le corresponde, y facilitar que se pongan en marcha actuaciones con el fin de avanzar y mejorar los problemas o conflictos que se dan.

En definitiva, hay que trabajar para transformar los conflictos y la gestión que desarrolla el administrador, haciéndola más participativa y teniendo en cuenta la gestión alternativa de conflictos.

@EduardCarrera