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Una reciente noticia recogía que el Ayuntamiento de Palma de Mallorca ha editado una “Guía para ser buen vecino”.  Más exactamente, es una Guía para la convivencia en las comunidades de vecinos.

Resulta muy llamativo que para ser un buen vecino sea necesaria una guía, a modo de “instrucciones de uso”, como si se tratara de un complejo artilugio, de una sofisticada maquinaria, o de un sinuoso laberinto, cuando lo normal sería que para una buena convivencia tan solo hiciera falta el sentido común (aunque no en vano éste es el menos común de los sentidos).

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Como dice Morris, Aristóteles consideraba en su libro “Política” que una ciudad es una comunidad para vivir bien, y siguiendo este principio, cabe pensar que cualquier grupo de personas funciona de la misma manera. Desde este punto de vista, una comunidad de propietarios es un grupo de personas que debería buscar el bien común, es decir, debería buscar vivir mejor. Si esto es así,

¿no es de sentido común comportarse bien con los demás vecinos?

Sin embargo, los comportamientos de muchos vecinos no persiguen el bien común, sino que están basados en intereses personales, y de ahí surge el conflicto. De hecho, si los vecinos de una comunidad de propietarios no tienen en cuenta este principio, probablemente las relaciones de convivencia en esa comunidad nunca llegarán a ser todo lo buenas que podrían llegar a ser.

Los Administradores de Fincas tenemos el reto de concienciar a los vecinos de la importancia de que cada uno se comporte siempre en aras a conseguir el bien general y no sólo el particular, puesto que ello conducirá a que la comunidad en su conjunto viva mejor.

Si todos leyéramos a Aristóteles no sería necesaria una guía del buen vecino, pero como quiera que eso no va a ocurrir, bienvenida sea… ¡por el bien común!