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Al pié de la cuenta de un restaurante en el que comí hace poco ponía: “Comer bien no cuesta tanto”. El eslogan hace honor al establecimiento, pues lo cierto es que el precio fue muy razonable para el menú degustado.

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Pensé entonces en trasladar ese mensaje a la administración de fincas, y el resultado es éste. Porque de lo que se trata es de valorar el coste, en el caso del restaurante, de una buena (y suficiente) comida (unido a un buen servicio), y en el caso de la administración de fincas, de una buena administración de la comunidad (lo que engloba un buen servicio).

Hay que reconocer que es difícil de calcular, pues cada restaurante tiene sus propios criterios de fijación de precios. Del mismo modo, en el caso de la administración de fincas, cada administrador fijará sus precios según numerosos factores, tanto internos como externos, que muchas veces cuesta concretar, medir y evaluar.

Ahora bien, una cosa es fijar los precios libremente según tales factores, y otra distinta es “tirar los precios” y establecerlos al tun-tun, sin otro criterio que el de ser el más barato del mercado. Este método (que no es nuevo) no tiene mucho recorrido, perjudica al propio mercado y al colectivo de administradores, y por encima de todo ello, se opone frontalmente a la dignidad profesional.

La campaña de defensa de una retribución digna por el trabajo (conocida como “No regales tu trabajo”), dice así:

“no cobro por lo que hago; cobro por lo que sé”.

Con la tan renombrada “crisis” y el incremento de la morosidad en las comunidades de propietarios, surgió en ellas la necesidad de reducir los gastos comunitarios, incluido el de administración. Fue el caldo de cultivo para la llegada de nuevos administradores “low cost”. Lo grave es que no termina ahí la cosa, pues tras ese período llegó otro de nuevos “gestores” o “pseudo-administradores” que utilizan como estrategia de captación de clientes un precio mínimo (inferior al coste de producción) precedido de la preposición “desde”, mediante panfletos publicitarios que proclaman el mensaje de “nuestra administración es perfecta y además somos baratos”. Publicidad que bien podría constituir publicidad engañosa (si tenemos en cuenta el trasfondo), pero ese es otro debate.

En todo caso, pese a la libertad de honorarios profesionales, debe tener razón Juan Mateo cuando dice que “si te contratan por ser el más barato…¡Estás muy enfermo!”.

«Si los Administradores de Fincas queremos tener el reconocimiento social para nuestra profesión, empecemos por merecerlo, prestando un servicio de calidad a cambio de unos honorarios justos.»

Estamos en economía de libre mercado, y cada profesional es muy libre de fijar sus precios como tenga por conveniente, pero en mi opinión, si regalas (o casi) tu trabajo, pierdes tu dignidad profesional.