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Hace unos días escuché en la radio un programa en el que uno de los aspectos tratados se refería a la evolución que se ha producido desde unas décadas atrás en la atención y cuidados de los padres hacia sus hijos en edades tempranas.

Según se decía, antes los niños/as crecían con mayor libertad, permitiendo que poco a poco fueran ganando seguridad y autonomía. En cambio, ahora los padres están más pendientes de sus hijos/as, y es raro, por ejemplo, que los niños/as vayan solos por la calle hasta edades avanzadas (10/11 años, al menos), por la inseguridad que entraña, sobre todo en las ciudades.

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Parece que desde pequeños se debe ir propiciando que los hijos/as crezcan con libertad y autonomía, de forma que deben afrontar y superar desde pequeños miedos e inseguridades, lo que será esencial en su proceso de maduración y formación como personas.

Para ello, uno de los participantes consideraba que a los hijos/as se les debía dar confianza, porque “cuando le das confianza a alguien, normalmente se comporta con responsabilidad”.

En el ámbito de la Administración de Fincas, la confianza en el Administrador/a por parte de las comunidades administradas es esencial. El Administrador/a necesita sentirse seguro y respaldado por sus clientes, necesita la tranquilidad de saber que cuenta con la confianza de los vecinos, quienes la han depositado en él/ella. Y de acuerdo con aquella afirmación, normalmente el Administrador/a se comporta con responsabilidad.

Lo que ocurre es que, desgraciadamente, el sector de la Administración de Fincas se ha visto azotado con casos de administración desleal y apropiaciones indebidas. Con demasiada frecuencia nos llegan noticias de detenciones y juicios a Administradores que han defraudado la confianza de sus clientes. Estas noticias resultan muy dañinas para la reputación del colectivo. Aunque sean una insignificante minoría, cada nuevo caso genera desconfianza y alarma social.

Es necesario, pues, regenerar esa confianza, y para ello, nuestro comportamiento tiene que ser responsable, serio e impecable.

Sólo así podremos continuar siendo dignos de la confianza que merecemos para desarrollar nuestro trabajo.

Así que, pidamos confianza a nuestros clientes, y cuando la obtengamos, compañeros/as, no les defraudemos, y comportémonos como se espera de nosotros, esto es, con responsabilidad.